3 creencias limitantes que aparecen frecuentemente en consulta
- 23 mar
- 3 Min. de lectura
Hay ciertas frases que escucho una y otra vez en consulta.A veces aparecen como pensamientos sueltos, otras como verdades muy instaladas.
No siempre se dicen en voz alta, pero están presentes en la forma en que las personas toman decisiones, evitan situaciones o interpretan lo que les pasa.
Lo interesante es que rara vez se cuestionan.Se sienten reales. Lógicas. Incluso “normales”.
Pero muchas veces, son creencias que terminan limitando más de lo que ayudan.No porque sean “falsas” en todos los casos, sino porque se vuelven rígidas y condicionan la forma de vivir.
Hoy quiero compartirte tres de las más frecuentes:
1. “Primero tengo que estar bien para poder avanzar”
Esta idea aparece mucho en personas que están atravesando ansiedad, tristeza o incertidumbre. Como si hubiera un estado ideal al que hay que llegar antes de tomar decisiones, hacer cambios o animarse a algo nuevo.
El problema es que eso suele generar parálisis.Porque si esperas a sentirte completamente bien, seguro o sin dudas… probablemente ese momento no llegue en los términos que imaginás.
Además, refuerza una relación poco flexible con las emociones: como si ciertas experiencias internas fueran un obstáculo que hay que eliminar antes de vivir.
Desde enfoques como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), trabajamos justamente lo contrario:aprender a avanzar con lo que sentís.
No se trata de ignorar el malestar, sino de dejar de poner la vida en pausa hasta que desaparezca.
2. “Si me siento así, es porque algo está mal”
Esta creencia suele aparecer de forma automática.Sentís ansiedad → algo está mal.Te sentís triste → algo está mal. Dudas → algo está mal.
Pero no todo malestar es una señal de error. Muchas veces, lo que estás sintiendo es coherente con lo que estás viviendo:un cambio, una pérdida, una decisión importante, una etapa de incertidumbre.
Cuando interpretamos que cualquier incomodidad es un problema a resolver, entramos en una lucha constante con nuestra experiencia interna. Y esa lucha suele tener un efecto paradójico: cuanto más intentas evitar, controlar o eliminar lo que sentís, más presente se vuelve.
Aprender a hacer espacio a ciertas emociones —sin que definan todas tus decisiones— es una habilidad clave en los procesos terapéuticos.
3. “No sé qué quiero”
Esta frase aparece mucho, y suele venir acompañada de frustración o sensación de bloqueo.
Pero en muchos casos, cuando empezamos a explorar con más profundidad, no es tanto que la persona no sepa.
Es que lo que quiere:
implica un riesgo
desafía expectativas (propias o ajenas)
genera miedo
o entra en conflicto con creencias previas
Entonces, en lugar de aparecer como una decisión clara, aparece como confusión.
Decir “no sé” a veces protege.Evita tener que hacerse cargo de lo que sí empieza a aparecer.
Por eso, más que buscar una respuesta inmediata, el trabajo suele ser generar el espacio suficiente para poder escuchar(se) sin tanto juicio o presión.
Cuestionar estas creencias no significa “pensar en positivo” ni forzarte a cambiar lo que piensas de un día para el otro.
Significa empezar a observar.A tomar cierta distancia.A abrir preguntas donde antes había certezas. Por ejemplo:¿Esto que estoy pensando es un hecho o una interpretación?¿Esta forma de verlo me está ayudando o me está limitando?¿Qué pasaría si no necesitara sentirme distinto para dar un paso?
Pequeños cambios en cómo te relaciones con lo que piensas pueden generar cambios muy significativos en cómo vivís. No porque todo se vuelva fácil, sino porque deja de estar tan condicionado por esas ideas que parecían incuestionables.
Si te interesa, en próximos envíos puedo profundizar en alguna de estas creencias y compartirte herramientas concretas para empezar a trabajarlas en tu día a día.


Comentarios